Hoy vamos a abrir una pequeña ventana a nuestro cerebro para estudiar cómo funciona y estimular nuestra creatividad para generar ideas para nuestros juegos. Hay mucha gente que considera que la creatividad es un don y que no todo el mundo está capacitada para ello, pero nada más lejos de la realidad. La creatividad puede (¡y debe!) entrenarse.

Como el artículo ha quedado muy largo vamos a dividirlo en dos partes. En la primera vamos a estudiar técnicas que nos pueden ayudar a ser más creativos en el día a día. En la segunda trataremos la generación de ideas cuando nos pongamos a trabajar.

¿Qué es la creatividad?

La palabra creatividad proviene del latin «creare», que se traduce como «crear, construir» y ese es un elemento fundamental del término. La creatividad es la capacidad de crear ideas o conceptos nuevos, nuevas asociaciones entre conceptos e ideas conocidas, dando como fruto conceptos habitualmente originales.

Algunos investigadores del término sugieren que puede ser una consecuencia de la evolución humana, que nos habría permitido avanzar como especie al encontrar soluciones creativas a problemas cotidianos y, por lo tanto, adaptarnos mejor al entorno o moldearlo a nuestra voluntad.

Originalmente se consideraba que el cerebro creativo nacía, no se hacía. Incluso se le atribuía origen divino (la «inspiración divina») personificada en las musas primero y en ángeles posteriormente. No fue hasta el Renacimiento cuando el concepto empezó a asociarse a las personas geniales y a su esfuerzo personal, no a entes externos.

Hay cientos estudios acerca de cómo se genera la creatividad, pero aún hay pocas certezas. Se empiezan a conocer mecanismos dentro de nuestro cerebro que fomentan el pensamiento creativo pero aún nos falta mucho para saber de dónde surge esa chispa genial que hace que el cerebro se ilumine como un árbol de navidad.

Ampliar nuestros conocimientos

Como dije en el primer post de la serie sobre diseño de juegos, al buscar nuevas ideas o conceptos, nuestro cerebro parte de la base de conocimiento de la que dispone. Cuanto mayor es ese conocimiento, mayores y más ricas serán las posibles asociaciones que nuestro cerebro podrá hacer con todos esos conceptos.

Os pasé algunas referencias para ampliar vuestros conocimientos en este post, pero no debemos quedarnos ahí, hay que alimentar de manera distinta nuestro cerebro cada día. Ponte música que no has oído nunca, un canal que hable de cosas que no conoces. Lee libros variados sobre temas que no hayas visto nunca y oblígate a entenderlos.

No sólo de conocimientos se alimenta la mente, las experiencias son igual de valiosas. Visita lugares que no hayas visto nunca para aumentar tu conocimiento del entorno. Haz fotos para aumentar tu perspectiva espacial. Da un paseo por una zona concurrida y deja la mente vagar de conversación en conversación. Recorre escaparates de tiendas de antigüedades. Piensa en desagradar a tu cerebro para estimularlo, haz de vez en cuando algo que no te guste.

Romper patrones para estimular el pensamiento lateral

El cerebro humano es vago. Su potencial para estar continuamente trabajando no tiene parangón en nuestro mundo. Sin embargo, siempre está buscando nuevos trucos para no tener que lidiar con toda la información de golpe.

Piensa en todas las cosas que haces diariamente en «modo automático». Al levantarte comienzas una rutina de preparación que tu cerebro ha «soldado» profundamente para poder hacerlo con el mínimo esfuerzo intelectual. Ves y oyes en todo momento muchas más cosas de las que tu cerebro te notifica, ya que las filtra para no sobrecargarse.

Hay estudios sobre como una persona sentada en un restaurante sin prestar atención a las conversaciones que hay a su alrededor es, sin embargo, capaz de responder preguntas sobre que estaban hablando en ciertas mesas. No recordará muchos detalles, pero será capaz de mencionar temas de conversación o incluso frases sueltas.

Nuestro cerebro procesa terabytes de información en cada momento pero sólo nos muestra lo que cree que es importante para nosotros. Es por eso que, por ejemplo, nuestros ojos siempre están viendo nuestra nariz, pero el cerebro nos la oculta por ser información irrelevante.

El primer paso para estimular el pensamiento lateral y la creación de nuevas relaciones en nuestro cerebro es romper los patrones que nuestro cerebro teje a nuestro alrededor y obligarle a crear nuevos.

Analiza lo que haces día a día y, donde veas un patrón, improvisa algo que lo rompa. Empieza por el ritual matutino: altera el orden en el que haces las cosas, cepíllate los dientes con la mano contraria, enjabónate el cuerpo de otra manera, desayuna cosas que normalmente no pruebas… Haz que el cerebro no pueda acostumbrarse a una rutina.

Si normalmente trabajas o estudias sentado, hazlo de pie. Cambia las cosas de la mesa de sitio. Compra cada cierto tiempo alguna decoración nueva para tu entorno de trabajo. Cambia de fondo de escritorio una vez al día. En los desplazamientos, elige caminos distintos. Cualquier cosa que veas que se ha convertido en una rutina es susceptible de ser modificada para obligar al cerebro a despertar y rehacer patrones

No va a ser fácil, tu cerebro va a protestar, te va a hacer sentir mal por no darle la rutina que busca. Domestícalo. Oblígale a obedecerte.  Será un primer paso.

Libera tu cerebro, anótalo todo

Nuestro cerebro es muy testarudo. Como decíamos antes, filtra la información que considera que nos puede interesar, pero si ha decidido que algo nos interesa no va a parar de recordárnoslo.

A esto se le llama bloqueo cognitivo. El cerebro te propone una idea, a ti te parece buena, y de repente no puedes pensar en otra cosa porque no quieres olvidar esa idea que se te ha ocurrido. La idea ocupa tu mente completamente, bloqueando cualquier otra cosa que pudiera «distraerte».

Esto supone un evidente freno para la creatividad, la mejor manera de tener ideas creativas es tener muchas ideas, y si una idea no para de bloquear a las demás nos va a perjudicar. Pero para librarnos de este tapón existe un truco muy sencillo y es anotar absolutamente todo.

Lleva siempre una libreta o una grabadora contigo (la del móvil va perfectamente) y cuando tu cerebro te haga llegar una idea toma nota de ella. Mágicamente tu cerebro va a dejar de recordártela, se va a quedar tranquilo porque no la vas a olvidar y se liberará para poder ofrecerte nuevas ideas.

Es muy interesante tener además algún sistema de catalogación para poder almacenar todas esas anotaciones y poder repasarlas posteriormente. Nunca sabes si una idea que se te ocurrió hace un par de años puede generarte un concepto de juego novedoso hoy. También te servirá para ver la evolución que has tenido en el tiempo.

Relaciónate

Somos seres sociales por naturaleza, en la antigüedad se llegó a decir que éramos seres «incompletos» y que necesitábamos a otras personas para poder estar completos. Yo no voy a llegar tan lejos, pero si voy a afirmar que el estar cerca de otra gente estimula la creatividad.

Para empezar es imposible que alguien lo sepa todo sobre algo, así que tenemos que intentar tener cerca a gente que pueda complementar nuestros conocimientos. Además de que una segunda perspectiva sobre una idea o concepto es muy valiosa para seguir generando relaciones nuevas y estimulantes.

El debate es beneficioso para el cerebro. Cuando debatimos nuestro cerebro se emplea a fondo para encontrar argumentos que nos den la razón, pero incluso cuando nos refutan el cerebro se beneficiará del nuevo conocimiento adquirido. No temáis a las discusiones (siempre que se afronten con positividad y espíritu constructivo).

Conclusión

Estos son sólo algunos consejos y como siempre digo, yo no tengo todas las respuestas. Una rápida búsqueda en Google nos hace llegar muchas más sugerencias. Cada persona debe encontrar su propia fórmula hacia la creatividad. Buscarla es, de hecho, una buena manera de fomentarla, porque acabaremos rompiendo nuestros patrones y buscando nuevas fronteras.

En el próximo post, daré algunas claves sobre cómo aprovechar al máximo una sesión creativa para generar ideas.